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BLOG & CONSEJOS

Piececitos guiris

1ª parte

Hola, me llamo Daniel y vivo en una localidad de la Costa del sol. Les voy a contar una historia que me sucedió el verano pasado.
 
 16/07/2022     17:32

PIECECITOS GUIRIS

1ªparte

Hola, me llamo Daniel y vivo en una localidad de la Costa del sol. Les voy a contar una historia que me sucedió el verano pasado.
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Era una tarde soleada del mes de agosto cuando estaba paseando por la playa, justo al lado del agua, mirando si veía alguna chica atractiva que fuera de mi gusto y a ser posible que estuviera sola. Acostumbro a "entrar" siempre a chicas solas. Más que nada porque me da vergüenza que la amiga escuche las conversaciones patéticas que se intercambian cuando se intenta ligar.
 
Vi a una chica morena, pero de aspecto nórdico estirada sobre la toalla. Yo me instalé cerca de ella pero dejando un espacio prudencial para que no se notara demasiado la intención de ataque. Ella era guapa, delgada, alta, algo madura (40 años?) con un anillo en la ceja derecha y parecía que estaba sonriendo sola. Pero les digo la verdad: lo que más me atrajo de ella fue los bonitos, esbeltos, arqueados, bien cuidados pies. 
 
Yo la miré y le envié una sonrisa. Ella respondió con otra sonrisa claramente hacia mi. Pensé que ella sería para mi y me relajé unos minutos, pretendiendo hacerme el interesante. Pienso que dirigirse rápidamente a una chica es un poco vulgar, aunque reconozco que quizás estoy equivocado.
 
Cuál fue mi sorpresa cuando del agua con un colchón en forma de silla llegó un chico muy joven (18 años?) con apariencia de norteafricano y se sentó directamente al lado de la chica que me creía mía. El chico miró a la chica, me miró a mi como diciendo yo seré primero y lanzó el temido ataque a la chica. Era mi fin. El chico, que parecía tener mucha experiencia, se dirigió a la morena con el bote de bronceador y utilizó el viejo truco: "¿me pones un poco de crema en la espalda?". La chica con una sonrisa asintió y empezó a masajear la espalda.
 
 A partir de aquí empezó una conversación en alemán que parecía muy amena. A pesar de mis conocimientos de esta lengua, no quise escuchar. Sólo miraba de vez en cuando sus suaves y lindas plantas del pie que tanto quería yo besar. Sentía una rabia conmigo mismo por no haber sido rápido y efectivo. Intentaba convencerme a mi mismo que esta chica no me gustaba suficientemente y que era mejor que hubiera ido todo así. Pensaba que a este chico le esperaba una largo periodo de cortejo y que yo habiendo llegado tarde me ahorraría de realizar. Me resigné momentáneamente y cuando ya empezaba a sentirme mejor vi como la nueva pareja se disponía a marchar probablemente a tomar algo juntos para después follar.
 
La chica se calzó dos sandalias negras de talón alto y se marchó moviendo su precioso trasero enfundado en unos estrechos tejanos cortos. Se oía a medida que se alejaba caminando el erótico sonido de sus plantas de los pies que se pegaban y despegaban de las sandalias de charol negro. Les seguí con la mirada hasta que les perdí por una calle que conduce a la playa.
 
Traté de olvidar el suceso y al día siguiente por la tarde decidí volver a pasear por la misma zona pero sin entrar a la playa. De repente, a unos 10 metros, la vi otra vez, esta vez  sola. Decidí no perder el tiempo y la seguí unos metros viendo como se sentaba en un banco para aprovechar el último sol de la tarde. Sin perder el tiempo me senté a su lado y con toda naturalidad empecé a hablar con ella. Mientras le decía que la había visto el día anterior en la playa le miraba de reojo sus largos dedos de los pies. Tenía cada uña pintada de un color diferente, fantástico.
 
 Me contó que era de Alemania, y que era la primera vez que venía de vacaciones a esta ciudad. Yo no quitaba ojo de sus largos pies, ligeramente sudados por la planta. Me imaginaba cómo debían oler después de este paseo. Quería hacerla gozar pasando mi lengua a lo largo de su pie. Me volvía loco. Pero debería esperar.
 
Me explicó que tenía su hermana con su marido y sus hijos en el pueblo vecino y que aquella noche celebrarían una fiesta juntos: una barbacoa con sangría. Me dijo que podríamos vernos al día siguiente sobre las 21:00 le dije encantado que si.
 
Al día siguiente acudí puntual a la cita y allí estaba esperándome con sus tejanos ajustados y una camiseta negra también pegada al cuerpo, y sus sandalias negras. De aquella forma que a mi tanto me gusta, porque la asocio a conquista sexual. Pensé que aquella noche lamería finalmente sus preciosos piececitos.
 
 Decidimos sentarnos en una terraza para tomar cerveza. Y como siempre ocurre cuando estás con una chica diferente: anillo en la ceja, estilo rockera de barriada de urbe alemana,... aparecen todos tus amigos que tienes que saludar uno por uno. Sólo te queda aguantar la situación y observar la mirada curiosa de todos ellos. Sólo esperas que se larguen rápido.
 
Después de bebernos varias cervezas decidimos irnos. Me contó que al día siguiente tenía excursión para ir a Nerja y que debía levantarse temprano. Me dijo que yo era un chico muy interesante y que esperaba con impaciencia la próxima cita. Me dijo que se sentía relajada conmigo y que "mañana" pasaríamos unos grandes momentos juntos. Y después de concertar la cita nos despedimos.

CONTINUARÁ...

 

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